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    Hoteles boutique: ¿remar parejo o cada quien en su canoa?

    Hoteles boutique: ¿remar parejo o cada quien en su canoa?
    2015
    04
    jun

    Muchos viajeros han encontrado en sus andares los famosos hoteles boutique, así como muchos turisteros ven en ellos la oportunidad de ofrecer algo diferente, en cuanto a servicios de hospedaje se refiere. Por más chic que suene el término y por más encantadores que resulten, lo cierto es que nadie ha atinado en definir qué diantres es un hotel boutique. Hasta el momento, la ausencia de estándares básicos, la falta de regulación de estas nuevas opciones y la emergencia de muchos hoteles que se cuelgan de la moda, rebasan apenas el truco de mercadeo: poner una etiqueta medianamente apetecible sin tener claro el concepto que la sustenta.

    Por supuesto, lo anterior no quiere decir que los servicios sean deficientes o no representen una opción real para quien aspira a una experiencia diferente a la de las grandes cadenas hoteleras. Lo que es incómodamente cierto es que los viajeros no saben qué contratan exactamente cuando acuden a un hotel boutique ni cómo evaluar la calidad de estos lugares.

    Desde la inauguración del Blakes Hotel en South Kensington, Londres, en 1981; el Bedford en Union Square, San Francisco, en el mismo año y el Morgans Hotel de Nueva York en 1984, el término ha cobrado mucha fuerza a pesar de su ambigüedad. Dicha ambigüedad nos ha llevado al escenario actual: servicios que si bien brillan por su diferenciación resultan una tremenda interrogante para los viajeros. En un plausible intento por definir a los hoteles boutique, Lucienne Anhar identificó tres aspectos clave para considerar a un hotel en esta categoría: su arquitectura, su servicio personalizado y su target específico. Además de lo anterior, Anhar divide a los hoteles boutique en dos categorías: aquellos ubicados en los entornos urbanos y los que se instalan en los grandes complejos turísticos.

    En México, un grupo de empresarios de Puerto Vallarta, liderados por Sylvie Laitre, crearon la empresa Hoteles Boutique de México (HBM), cuyo objetivo es vincular a los actores de este sector y difundir sus servicios. En opinión de Laitre, “el día que se trate de estandarizar y controlar el mercado ’boutique’, dejará de ser precisamente ’boutique’ ya que forzosamente perderá parte de lo que lo hace único; su propia personalidad”. Anclada en esta idea, la empresaria se desmarca no solo de la Secretaría de Turismo, sino también de la Asociación de Hoteles de México: “no hay Sectur, ni AHM pero hay criterios claros, profesionalismo, seriedad y un producto respetado y muy bien posicionado en el mercado”.

    Algunos hoteles boutique mexicanos…

    ¿Cómo reconocer un hotel boutique?

    Como puede verse, las opiniones en cuanto a cuáles son los diferenciadores de los hoteles boutique son diversas: mientras que algunos empresarios buscan la estandarización de criterios básicos, otros prefieren moverse en la libertad de lo ambiguo. Grosso modo, de entre las muchas opiniones que existen al respecto, podemos rescatar algunos puntos de acuerdo para facilitar al viajero su decisión al elegir un hotel boutique, o sea que si usted, caro viajero, busca una experiencia diferente a la de los hoteles de marca, debe prestar atención a los siguientes puntos:

    1. Servicio personalizado. Este es uno de los rasgos más destacados de los hoteles boutique. En muchos de ellos, el personal le dará un trato cercano, llamándole por su nombre y preocupándose por sus hábitos y gustos personales, respetando su intimidad y haciéndolo sentir un invitado especial. Y es que una de las aspiraciones compartidas por muchos hoteles de esta naturaleza es hacerlo sentir mejor que en su propio hogar.
    2. La arquitectura como escenario. Otra de las características comunes en los hoteles boutique es la importancia que dan a la arquitectura: más que un estándar funcional y confortable, los hoteles boutique ven en la arquitectura una especie de escenario donde el viajero protagoniza su estancia. En este punto encontramos muchas variantes: casonas con historia; diseños innovadores; reconstrucciones de hoteles históricos; ambientaciones rústicas y un largo etcétera que busca crear una armonía entre las expectativas del cliente y un concepto propio.
    3. El concepto o personalidad. Del mismo modo que los populares cruceros temáticos, los hoteles boutique suelen anclarse en un tema o concepto central. En este punto se alternan tanto la arquitectura como la ambientación, además de un estilo propio en el trato hacia el huésped, la carta de alimentos y todo aquel elemento que pueda situarle en un entorno bien definido y confortable. Aunque este es quizá el rasgo más apreciado por los hoteles boutique es el que despierta la mayor polémica sobre su posible estandarización, pues muchos hoteleros defenderán a ultranza su derecho a contar o no con ciertos servicios, dependiendo de su personalidad.
    4. El número de habitaciones. Debido a los puntos antes expuestos, los hoteles boutique suelen ser pequeños y van desde aquellos que cuentan con cuatro hasta cien habitaciones o más. La idea fundamental es crear un ambiente amigable entre los empleados del hotel y los huéspedes, tema que se ve fortalecido cuando la exclusividad es el eje rector.
    5. La ubicación. Evidentemente, la creación de un entorno que favorezca el concepto de cada hotel está muy relacionada con el entorno donde está establecido. En este caso, la diferenciación de Anhar resulta muy adecuada, pues los más de los hoteles boutique se instalan o bien en los resorts o bien en los barrios de moda de las grandes ciudades. Mención aparte merecerían aquellos hoteles que buscan impregnarse de entornos un tanto más pintorescos, como los establecidos en barrios antiguos de grandes ciudades o, en el caso mexicano, alguno de los Pueblos Mágicos.
    6. Las habitaciones. En este último punto no hay un acuerdo general ni una tendencia unificadora. Sin embargo, muchos señalan que un buen hotel boutique no debe tener habitaciones estandarizadas, sino ofrecer en cada cuarto un ambiente distinto, con el objetivo de consolidar la atención personalizada.

    Fuera de estos nortes básicos, parece no haber más rasgos distintivos de los hoteles boutique. Puede que esto no sea necesariamente pernicioso, pues permite que haya diversidad de opciones. Sin embargo, para los viajeros sigue resultando una interrogante tremenda saber qué es lo que ofrece uno de estos hoteles.

    ¿Remar parejo o cada quien en su canoa o lo que es lo mismo sacrificar diversidad para incrementar calidad estandarizada? No parece haber una respuesta correcta para esta pregunta y en el ámbito de las regulaciones el futuro es por demás incierto. Mientras sucede el milagro de la normatividad para la evaluación hotelera, el viajero tendrá que hacer sus pesquisas por cuenta propia y esperar que el volado no caiga con la cara menos favorable.

     

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